Multiplicación y suma de discípulos I | Dr. Juan Carlos Melo

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Desde Génesis al Apocalipsis la Biblia nos proporciona un sin número de citas bíblicas que nos hablan de la estrategia del crecimiento a través de la multiplicación.

Lamentablemente uno de los problemas de la actual iglesia Latinoamericana es que se ha cambiado la estrategia bíblica de la multiplicación por una estrategia basada en la suma;  pues es más fácil sumar membrecía que multiplicar discípulos.

La multiplicación es la forma correcta de crecimiento y cuando se habla de ésta, se refiere a medir el crecimiento por bautizos y compromiso de una nueva membrecía alcanzada desde los no creyentes.

Cuando se habla de suma, en realidad se habla a una membrecía que se acumula rápidamente y muchas veces lo hace captando miembros de otras congregaciones sin mayor  compromiso. De esta manera se puede ver iglesias con gran asistencia numérica, pero con un alto porcentaje de personas que no nacieron de nuevo ni se bautizaron en esta congregación.

Es decir, son creyentes convertidos que fueron reclutados por herramientas como los medios de comunicación,  radio o TV, enfocados al mundo evangélico. En este caso, la suma se mide a través del volumen de asistencia a cultos o reuniones y no necesariamente a través de transformación del carácter y la conducta de los discípulos.

Pero la multiplicación debe enfocarse en lo que el Señor Jesucristo enseña en Mateo capítulo 28:

  1. Hacer discípulos por medio del bautizo. Esta es la medida número uno para reconocer que se está haciendo discípulos. Una congregación que no bautiza a la medida que crece, está sumando y no multiplicando discípulos.
  2. Enseñar lo que el Señor Jesús ha dado como valores y principios del Reino. La vida del Reino en la tierra.
  3. Asegurarse que las enseñanzas que se entregan a los discípulos sean encarnadas, es decir, se vivan y guarden.

En la multiplicación el bautismo, la enseñanza y el guardar los principios del Señor son vitales y eso toma tiempo.

En la suma de membresía, el bautizo no es importante; la enseñanza no tiene un enfoque en la obediencia, solo se enfoca en la motivación, en el pensamiento positivo y no en la transformación de la vida por efecto de la Palabra, la acción del Espíritu Santo y el acompañamiento por el  discipulado de la iglesia. Entonces el resultado son personas enfocadas en buscar un aliciente psicológico y emocional, más que el buscar al Señor y todo lo que significa vivir en su Reino y encarnar un gobierno del Señor en su vida.

Hoy en día la falta del gobierno de Dios, a través de su Palabra y su Espíritu Santo, está produciendo una membrecía que tiene un rótulo de cristiano, pero en realidad su vida no refleja lo que es vivir la justicia de Dios y las prioridades del Reino.

Es por eso que en muchos países de Latinoamérica donde dicen tener un porcentaje de hasta el 50% de evangélicos en la población, son los países más conflictivos a nivel social de la región y del mundo por la violencia en la que viven.

Algo no coincide. O se habla de porcentajes evangelásticamente o los procesos de crecimiento de iglesia  no incluyen transformación de la vida como verdadero arrepentimiento de los pecados para buscar una vida que agrade al Señor al cual queremos honrar y glorificar.

Sumar membrecía produce discípulos o miembros de iglesia con una fe segmentada. La fe ha llegado a ser un área de su vida, pero no es el área que gobierna su vida.

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Administrando procesos de plantación de iglesias | Dr. Juan Carlos Melo

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Una vez que se tiene los posibles plantadores, es importante involucrar a sus pastores en una relación de mentoreo y acompañamiento. Al mismo tiempo cada plantador debe comprometerse en su  capacitación y  su práctica de plantar iglesias en el campo.

Plantar  iglesias no se aprende en un aula, en ella se recibe  información adecuada y orientación, pero es en la zona de plantación de la iglesia donde realmente se aprende a plantar  iglesias.

La metodología modular que la Red de Multiplicación sugiere para los procesos de plantación de iglesias (teoría -practica – informes) un modelo práctico. Aquí cabe recalcar que si no se recaba informes de lo que está sucediendo en el campo como evangelismo, conversiones, bautizos, multiplicación de líderes,  grupo pequeños etc., el plantador va a concentrase en recibir la teoría y no necesariamente en plantar iglesias.

En los  procesos de plantación, la meta es que cada hermano desarrolle habilidades prácticas para plantar una iglesia y eso solamente se hace en  el campo, plantando iglesias. Por eso se sugiere que se reconozca un plantador de iglesias como tal cuando haya terminado el año de capacitación de los módulos de plantación y cuando efectivamente tenga un grupo o grupos de discípulos en la zona donde está plantando, y a su vez sean producto del trabajo evangelístico y discipulado del plantador, y de los nuevos líderes que él esté empoderando.

En conclusión, la plantación de iglesias exitosa involucran al pastor mentor, al plantador con énfasis  en la práctica, la zona de plantación con el  análisis de  campo que se realizó previamente, la iglesia madre apoyando en oración y en estímulo al plantador, y acompañando en procesos evangelísticos, y no necesariamente con   apoyo económico ya que se busca que las nuevas obras lleven procesos de bajo costo, alto impacto y a medida que se  desarrollen sean autosustentables.

Eso no quiere decir que la iglesia madre o la denominación que quiere aportar económicamente no lo deba hacer, sólo se sugiere que este apoyo se maneje con mucha  prudencia y sabiduría para que este subsidio no cause dependencia ni en la nueva obra ni en el plantador, es decir, que lo que ahora es gracia no se convierta en una obligación  y que si en algún momento se retira este beneficio, no produzca dolor.

En los procesos de administración de la plantación de iglesias hay una etapa que es importante desarrollar  y esta es el crecimiento de la iglesia hacia un número de personas bautizadas o discípulos bautizados que le permitan ser reconocida como iglesia organizada, con todas las características que la denominación o iglesia madre requiera.

Esto tomará su tiempo, en algunos casos son 2, 3 años o más. También depende del contexto, del tiempo que el plantador tenga para invertirlo en la iglesia, la estrategia que se usa etc. Al final de cuentas debe existir una meta numérica medible en miembros bautizados, así como una meta financiera que permita el sostenimiento de la obra, y por último, pero no menos importante, que la iglesia naciente en desarrollo llegue en la brevedad posible a ser una iglesia madre y mientras crece para sí, permanezca comprometida en tener por los menos una nueva iglesia sembrándose cada cierto tiempo.

De líderes a multiplicadores | Dr. Juan Carlos Melo

de líder a multiplicador

El desarrollo y crecimiento del ministerio de un pastor, o de un líder, debería dar como resultado el  que se convierta en un multiplicador de nuevos obreros. Esto en la práctica debe ser intencional para evitar lo que ahora las nuevas generaciones viven al sentir que los líderes actuales no quieren empoderarles dentro de la estructura de la iglesia y  de la denominación.

Muchos pueden llegar a mirar a su liderazgo como un corcho que no permite su crecimiento y esto produce una tensión generacional entre los líderes de hoy y los del futuro.

La mejor manera de no generar esta ruptura o conflicto intergeneracional, que puede incluso dividir y producir profundos daños en las relaciones y en las estructuras de la iglesia, es desarrollando líderes y pastores que multipliquen iglesias con un liderazgo  intencional y que comprende que parte vital de su función es dejar que  otros hagan los mismo y hasta mejor que ellos, como preparación para cuando ellos ya no estén.

Es fundamental alentar la  transformación del pastor de una iglesia local a convertirse en pastor de pastores, cambiando no solo su función sino su influencia a través del mentoreo.

Una cosa  es  pastorear una congregación de 100 a 200 personas y otras cosa es mentorear, empoderar y multiplicarse en otros, y no para tener una congregación de 200 ó 300 miembros, sino con el fin de ser una iglesia descentralizada y que empodera más líderes bajo el mentoreo de un  pastor experimentado y así multiplicar congregaciones bajo modelos de iglesias satélites o hijas, de esta manera la multiplicación da como fruto la transformación.

Leer más sobre la importancia del mentoreo.

Mentoría y plantación de iglesias | Dr. Juan Carlos Melo

¿Por qué es necesario el acompañamiento a los plantadores de iglesias por medio de la mentoría?

La mentoría es básica y fundamental ya que es esa transmisión de conocimiento y  acompañamiento entre una y otra generación  de  líderes pastores.

Latinoamérica no ha tenido una cultura de mentoreo, ni se han desarrollado suficientes herramientas para ayudar en los procesos de mentoría para las nuevas generaciones, de hecho los nuevos obreros surgen de la academia en donde la información está presente, pero falta aquello importantísimo que es la formación ministerial en cuanto a su carácter y las habilidades prácticas que un nuevo obrero necesita aprender de manera progresiva e intencional.

 La comunidad de pastores latinoamericanos debería ser la responsable de la mentoría de la nueva generación de  pastores. Que maravilloso sería que mientras más experimentado sea el pastor, y por ende con más canas en su cabeza, sea más valorado en los procesos de mentoreo. Es triste ver pastores que por  su edad son menospreciados y premeditadamente desplazados de estructuras denominacionales o de las congregaciones.

Es importante que un ministro de edad madura transforme su estilo de liderazgo tanto en su congregación como en su denominación, y aunque  estoy de acuerdo que un pastor líder de tiempo completo se jubile laboralmente, eso no es causa de pasividad; sobre todo justo en la edad donde la acumulación de  experiencia y sus posibilidades de mentorear es mayor.

Para los movimientos multiplicadores de iglesias el mentoreo no es solo importante sino vital, los tres factores por los que una iglesia puede nacer, pero no crecer saludablemente son:

  1. Falta  de una buena visión de Reino compartida.
  2. Carencia de una estrategia contextualizada.
  3. Falta de un mentoreo saludable hacia el plantador de la iglesia por parte del pastor de la iglesia  madre o de alguien que la representa.

En conclusión, es fundamental poder desarrollar en los años siguientes estructuras, herramientas y habilidades de mentoreo que permitan enseñar a los pastores y futuros nuevos pastores a multiplicar nuevas generaciones de pastores así como debemos enseñar a la iglesia a multiplicar iglesias.

Encuentre aquí recursos de Mentoreo Saludable.

Mentor y plantación