De líderes a multiplicadores | Dr. Juan Carlos Melo

de líder a multiplicador

El desarrollo y crecimiento del ministerio de un pastor, o de un líder, debería dar como resultado el  que se convierta en un multiplicador de nuevos obreros. Esto en la práctica debe ser intencional para evitar lo que ahora las nuevas generaciones viven al sentir que los líderes actuales no quieren empoderarles dentro de la estructura de la iglesia y  de la denominación.

Muchos pueden llegar a mirar a su liderazgo como un corcho que no permite su crecimiento y esto produce una tensión generacional entre los líderes de hoy y los del futuro.

La mejor manera de no generar esta ruptura o conflicto intergeneracional, que puede incluso dividir y producir profundos daños en las relaciones y en las estructuras de la iglesia, es desarrollando líderes y pastores que multipliquen iglesias con un liderazgo  intencional y que comprende que parte vital de su función es dejar que  otros hagan los mismo y hasta mejor que ellos, como preparación para cuando ellos ya no estén.

Es fundamental alentar la  transformación del pastor de una iglesia local a convertirse en pastor de pastores, cambiando no solo su función sino su influencia a través del mentoreo.

Una cosa  es  pastorear una congregación de 100 a 200 personas y otras cosa es mentorear, empoderar y multiplicarse en otros, y no para tener una congregación de 200 ó 300 miembros, sino con el fin de ser una iglesia descentralizada y que empodera más líderes bajo el mentoreo de un  pastor experimentado y así multiplicar congregaciones bajo modelos de iglesias satélites o hijas, de esta manera la multiplicación da como fruto la transformación.

Leer más sobre la importancia del mentoreo.

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Mentoría y plantación de iglesias | Dr. Juan Carlos Melo

¿Por qué es necesario el acompañamiento a los plantadores de iglesias por medio de la mentoría?

La mentoría es básica y fundamental ya que es esa transmisión de conocimiento y  acompañamiento entre una y otra generación  de  líderes pastores.

Latinoamérica no ha tenido una cultura de mentoreo, ni se han desarrollado suficientes herramientas para ayudar en los procesos de mentoría para las nuevas generaciones, de hecho los nuevos obreros surgen de la academia en donde la información está presente, pero falta aquello importantísimo que es la formación ministerial en cuanto a su carácter y las habilidades prácticas que un nuevo obrero necesita aprender de manera progresiva e intencional.

 La comunidad de pastores latinoamericanos debería ser la responsable de la mentoría de la nueva generación de  pastores. Que maravilloso sería que mientras más experimentado sea el pastor, y por ende con más canas en su cabeza, sea más valorado en los procesos de mentoreo. Es triste ver pastores que por  su edad son menospreciados y premeditadamente desplazados de estructuras denominacionales o de las congregaciones.

Es importante que un ministro de edad madura transforme su estilo de liderazgo tanto en su congregación como en su denominación, y aunque  estoy de acuerdo que un pastor líder de tiempo completo se jubile laboralmente, eso no es causa de pasividad; sobre todo justo en la edad donde la acumulación de  experiencia y sus posibilidades de mentorear es mayor.

Para los movimientos multiplicadores de iglesias el mentoreo no es solo importante sino vital, los tres factores por los que una iglesia puede nacer, pero no crecer saludablemente son:

  1. Falta  de una buena visión de Reino compartida.
  2. Carencia de una estrategia contextualizada.
  3. Falta de un mentoreo saludable hacia el plantador de la iglesia por parte del pastor de la iglesia  madre o de alguien que la representa.

En conclusión, es fundamental poder desarrollar en los años siguientes estructuras, herramientas y habilidades de mentoreo que permitan enseñar a los pastores y futuros nuevos pastores a multiplicar nuevas generaciones de pastores así como debemos enseñar a la iglesia a multiplicar iglesias.

Encuentre aquí recursos de Mentoreo Saludable.

Mentor y plantación

 

Liderazgo y multiplicación de iglesias | Dr.Juan Carlos Melo

¿Cuál es la importancia del liderazgo en la multiplicación de iglesias?

liderazgo y multiplicación de iglesias

El liderazgo es vital para iniciar procesos de multiplicación de iglesias, de hecho diría que es la clave de la multiplicación. Si los responsables directos de la iglesia local, y también denominacional, no tienen un compromiso claro  con la plantación de iglesias el efecto inmediato será  la NO multiplicación; de allí que siempre  se sugiere que  todo proceso para crear movimientos de  plantación de iglesia empiece con la sensibilización y concienciación de los pastores de la iglesia local dentro de un contexto de la  denominación,  o de la ciudad, o de cualquier estructura macro.

Crear movimientos de plantación sin el compromiso de los pastores de la iglesia local es prácticamente imposible, pero si se puede crear programas de plantación ignorando los pastores de las iglesias, de hecho existen más de un programa de plantación de iglesias que no incluye ni involucra intencionalmente a los pastores excepto porque en algún momento dieron su autorización para que algunos de sus líderes de la congregación participen en algún proceso de plantar iglesias.

Es poco saludable que los plantadores que están cubiertos por su denominación o fraternidad se queden desconectados de quienes fueron sus disipuladores o mentores en la vida cristiana. El mentor natural de un plantador de iglesias es el pastor de su iglesia madre y esto no debe ser ignorado.

Cuando se  pasa por alto a los pastores de las iglesias locales para atraer líderes  de esas congregaciones sin el mentoreo de sus pastores, se produce un conflicto ministerial entre el pastor y ese plantador a tal punto que los pastores en muchas ocasiones han etiquetado a sus siervos, ahora plantadores, como traidores o divisionista y han hecho del proceso de la plantación de la nueva obra un proceso abortivo cuando lo natural y saludable es que la iglesia madre sea amorosa dentro del contexto adecuado para que una nueva obra surja de manera saludable, junto con el mentoreo de un ministro con más experiencia que ayude y guíe a aquel que está plantando la nueva obra; así que el involucramiento de los pastores es fundamental.

También el involucramiento y el compromiso de los líderes de fraternidades o denominaciones es prioritario, de hecho no existe mejor posición dentro de la estructura de la iglesia evangélica como la conocemos actualmente en América Latina que ser parte del liderazgo de una macro estructura o estructura denominacional que tiene  influencia y supervisión sobre un conjunto de iglesias en una región, ciudad, país o en el continente, ya que su posición de liderazgo les permite empoderar procesos de manera saludable que multipliquen iglesias conscientemente, sostenidamente y de una manera permanente dentro de su contexto de influencia.

Por ejemplo el líder regional de una denominación con influencia sobre 100 congregaciones y decide establece un proceso intencional de plantación de iglesias tiene un grado de influenza superior al que posee el pastor de una iglesia local,  y si este líder denominacional tiene mayor influencia, entonces mayor será la posibilidad de impacto tanto en volumen  de iglesias multiplicadas  como en el convertir a una IGLESIA EXISTENTE en IGLESIA MADRE que multiplica generaciones de nuevas obras tanto local como regional.

El liderazgo es la clave. No hay manera de empoderar procesos de plantación de iglesias desde afuera de éstas, de una manera que ignore a la iglesia o ignore a la pastoral de la iglesia, sin que esto tenga consecuencias  no saludables para el ADN de las nuevas congregaciones.

Debe existir paternidad en los procesos del nacimiento de nuevas obras así como  en los procesos del nacimiento de nuevos obreros, y ahí es clave la denominación, la pastoral y son clave las iglesias madres.

La importancia de una Iglesia Multiplicadora | Dr. Juan Carlos Melo

¿Cuál es uno de los principales problemas de la Iglesia de esta generación?

multiplicación de iglesias

Unos de los problemas que hemos heredado en nuestra generación,  es el gran porcentaje de iglesias en América Latina que NUNCA fueron fundadas o sembradas con un ADN  multiplicador, es decir fueron iglesias sembradas sin enfoque a convertirse en iglesias madres y a mantenerse en ese compromiso misional; de allí que el debilitamiento de la Iglesia en cuanto al impacto  poblacional es cada vez  más preocupante; por ejemplo un país de Sudamérica que tiene alrededor de 30 millones de  habitantes con un crecimiento poblacional del 2% ( 600 mil nuevos ciudadanos por año) cuya  población evangélica, según los datos de la iglesia local, es del 20% (6 millones de habitantes). Para que la Iglesia  siga manteniendo una influencia del 20% en relación membrecía/población es necesario que cada año se bauticen 120 mil nuevos discípulos. Si no se logra esta meta, la presencia de la Iglesia en la comunidad  cada vez será menor a medida que la población crezca.

El crecimiento saludable de la Iglesia se debe medir en bautizos y no en asistencia. Es cierto que cada año se bautizan nuevos discípulos,  pero el proceso de discipulado es tan inconsistente que se pierde membrecía permanentemente; dato que también debe ser tomado en cuenta.

La población en América Latina en las últimas tres décadas ha crecido a un ritmo vertiginoso y a nivel mundial  la ONU calcula que hasta el año 2050 tendremos 2 mil millones de nuevos seres humanos. Nunca antes en la historia se ha visto un crecimiento poblacional de esta magnitud y la Iglesia debe estar consciente de este fenómeno.

Si la Iglesia a través de su presencia en la localidad y de sus estructuras macro a través de las denominaciones y fraternidades no inician procesos de crecimiento intencional a través de la multiplicación de nuevas obras, en las siguientes décadas habrá un impacto de decrecimiento en la influencia que tengamos en la sociedad;  es decir si no hay un fortalecimiento en la intencionalidad, las estrategias, estructuras,  fondos, tiempo dedicado a la multiplicación de iglesias por nuevas obras; en los próximos años se generalizará  lo que ahora sucede en algunos países de Sudamérica donde el porcentaje de creyentes hasta hace 20 años era del 15% al 20% y actualmente la cifra oficial es del  3.7%. Es muy alarmante que  junto a este decrecimiento de la Iglesia evangélica ha aparecido un 3.2% de población musulmán.

Esto da un panorama de lo que podría ser el futuro de la iglesia en América si la iglesia local, los pastores, los líderes denominacionales y las fraternidades no se intencionalizan en invertir tiempo y dinero creando estructuras y procesos de multiplicación de la Iglesia de la manera más efectiva y saludable que existe que es la plantación de nuevas obras.