Multiplicación y suma de discípulos II | Dr. Juan Carlos Melo

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La multiplicación de discípulos es un proceso más lento, pero transformador que busca calidad de discípulos, más que cantidad. La suma inicia con una gran cantidad de miembros, pero sistemáticamente se van reduciendo por faltad de calidad.

De manera inversa, la multiplicación de discípulos al estilo de Mateo 28 empieza con pocos discípulos, pero progresivamente aumentan de manera sostenida. Desde Génesis al Apocalipsis tenemos el mandamiento del  Señor de multiplicar primero la humanidad y luego multiplicar discípulos que son humanos regenerados a través del Señor Jesús y que encarnan el Reino de Dios en la tierra.

En todo el Nuevo Testamento encontramos la estrategia del Señor para formar nuevas comunidades de discípulos, que es a lo que llamamos plantación de iglesias. Desde que el Espíritu Santo fue derramado (Hechos 2), se puede ver la acción de una comunidad de discípulos que se relaciona de manera consistente, armónica y misional con los no creyentes a tal punto de que son ganados para Cristo por la  conexión a los principios que cada uno  vivía.

Según Hechos 2, la iglesia primitiva en Jerusalén tenía el favor del pueblo por el buen testimonio en la comunidad y por eso el Señor añadía los que tenían que ser salvos cada día.

La Multiplicación es un tema de contagio porque la relación que se forma produce un nivel de confianza que permite ganar espacios en la sociedad y para eso es importante que la iglesia que se está formando tenga un concepto básico de lo que es el triángulo  misional.

La iglesia debe tener una sensibilidad o misión social muy clara dentro de su concepto y estructura,  lo cual ayuda a la Multiplicación o de lo contrario se seguirá reciclando membrecía y pensando que la Obra del Señor está avanzando porque grandes templos se llenan durante los servicios, sin pensar que esas personas no están respondiendo al evangelismo intencional, sensibilidad social, etc, sino que son un producto de un mal momento de otra congregación, o congregaciones, que han producido una migración de membrecía hacía estas congregaciones que no se desarrollan, pero si engordan.

Mucha de la membrecía de las congregaciones en América Latina no es otra cosa que engordamiento. La pregunta clave es: ¿cuánto de su congregación es membrecía sin funcionabilidad? Desafortunadamente, y según la percepción actual, gran parte de los miembros de la iglesia no están conscientes de sus talentos, dones y de su responsabilidad para con su iglesia local, líderes, comunidad y mucho menos para con el Señor.

Es importante ayudar a que cada discípulo conozca que tiene un compromiso con la multiplicación y que sus dones y talentos deben enfocarse en ello. Esta responsabilidad no es sólo de los líderes y pastores sino de todos los santos que están llamados al ministerio.

Como conclusión se puede decir que la diferencia básica entre sumar membrecía y multiplicar discípulos es el tipo de relación que se busca que cada miembro de la iglesia tenga con el Señor, su congregación y su comunidad. Un discípulo contagiará con su estilo de vida a otros y se enfocará en parecerse cada día más al Señor Jesús por medio del desarrollo de hábitos espirituales, del servicio y del compromiso con la multiplicación.

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Multiplicación y suma de discípulos I | Dr. Juan Carlos Melo

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Desde Génesis al Apocalipsis la Biblia nos proporciona un sin número de citas bíblicas que nos hablan de la estrategia del crecimiento a través de la multiplicación.

Lamentablemente uno de los problemas de la actual iglesia Latinoamericana es que se ha cambiado la estrategia bíblica de la multiplicación por una estrategia basada en la suma;  pues es más fácil sumar membrecía que multiplicar discípulos.

La multiplicación es la forma correcta de crecimiento y cuando se habla de ésta, se refiere a medir el crecimiento por bautizos y compromiso de una nueva membrecía alcanzada desde los no creyentes.

Cuando se habla de suma, en realidad se habla a una membrecía que se acumula rápidamente y muchas veces lo hace captando miembros de otras congregaciones sin mayor  compromiso. De esta manera se puede ver iglesias con gran asistencia numérica, pero con un alto porcentaje de personas que no nacieron de nuevo ni se bautizaron en esta congregación.

Es decir, son creyentes convertidos que fueron reclutados por herramientas como los medios de comunicación,  radio o TV, enfocados al mundo evangélico. En este caso, la suma se mide a través del volumen de asistencia a cultos o reuniones y no necesariamente a través de transformación del carácter y la conducta de los discípulos.

Pero la multiplicación debe enfocarse en lo que el Señor Jesucristo enseña en Mateo capítulo 28:

  1. Hacer discípulos por medio del bautizo. Esta es la medida número uno para reconocer que se está haciendo discípulos. Una congregación que no bautiza a la medida que crece, está sumando y no multiplicando discípulos.
  2. Enseñar lo que el Señor Jesús ha dado como valores y principios del Reino. La vida del Reino en la tierra.
  3. Asegurarse que las enseñanzas que se entregan a los discípulos sean encarnadas, es decir, se vivan y guarden.

En la multiplicación el bautismo, la enseñanza y el guardar los principios del Señor son vitales y eso toma tiempo.

En la suma de membresía, el bautizo no es importante; la enseñanza no tiene un enfoque en la obediencia, solo se enfoca en la motivación, en el pensamiento positivo y no en la transformación de la vida por efecto de la Palabra, la acción del Espíritu Santo y el acompañamiento por el  discipulado de la iglesia. Entonces el resultado son personas enfocadas en buscar un aliciente psicológico y emocional, más que el buscar al Señor y todo lo que significa vivir en su Reino y encarnar un gobierno del Señor en su vida.

Hoy en día la falta del gobierno de Dios, a través de su Palabra y su Espíritu Santo, está produciendo una membrecía que tiene un rótulo de cristiano, pero en realidad su vida no refleja lo que es vivir la justicia de Dios y las prioridades del Reino.

Es por eso que en muchos países de Latinoamérica donde dicen tener un porcentaje de hasta el 50% de evangélicos en la población, son los países más conflictivos a nivel social de la región y del mundo por la violencia en la que viven.

Algo no coincide. O se habla de porcentajes evangelásticamente o los procesos de crecimiento de iglesia  no incluyen transformación de la vida como verdadero arrepentimiento de los pecados para buscar una vida que agrade al Señor al cual queremos honrar y glorificar.

Sumar membrecía produce discípulos o miembros de iglesia con una fe segmentada. La fe ha llegado a ser un área de su vida, pero no es el área que gobierna su vida.

De líderes a multiplicadores | Dr. Juan Carlos Melo

de líder a multiplicador

El desarrollo y crecimiento del ministerio de un pastor, o de un líder, debería dar como resultado el  que se convierta en un multiplicador de nuevos obreros. Esto en la práctica debe ser intencional para evitar lo que ahora las nuevas generaciones viven al sentir que los líderes actuales no quieren empoderarles dentro de la estructura de la iglesia y  de la denominación.

Muchos pueden llegar a mirar a su liderazgo como un corcho que no permite su crecimiento y esto produce una tensión generacional entre los líderes de hoy y los del futuro.

La mejor manera de no generar esta ruptura o conflicto intergeneracional, que puede incluso dividir y producir profundos daños en las relaciones y en las estructuras de la iglesia, es desarrollando líderes y pastores que multipliquen iglesias con un liderazgo  intencional y que comprende que parte vital de su función es dejar que  otros hagan los mismo y hasta mejor que ellos, como preparación para cuando ellos ya no estén.

Es fundamental alentar la  transformación del pastor de una iglesia local a convertirse en pastor de pastores, cambiando no solo su función sino su influencia a través del mentoreo.

Una cosa  es  pastorear una congregación de 100 a 200 personas y otras cosa es mentorear, empoderar y multiplicarse en otros, y no para tener una congregación de 200 ó 300 miembros, sino con el fin de ser una iglesia descentralizada y que empodera más líderes bajo el mentoreo de un  pastor experimentado y así multiplicar congregaciones bajo modelos de iglesias satélites o hijas, de esta manera la multiplicación da como fruto la transformación.

Leer más sobre la importancia del mentoreo.

Mentoría y plantación de iglesias | Dr. Juan Carlos Melo

¿Por qué es necesario el acompañamiento a los plantadores de iglesias por medio de la mentoría?

La mentoría es básica y fundamental ya que es esa transmisión de conocimiento y  acompañamiento entre una y otra generación  de  líderes pastores.

Latinoamérica no ha tenido una cultura de mentoreo, ni se han desarrollado suficientes herramientas para ayudar en los procesos de mentoría para las nuevas generaciones, de hecho los nuevos obreros surgen de la academia en donde la información está presente, pero falta aquello importantísimo que es la formación ministerial en cuanto a su carácter y las habilidades prácticas que un nuevo obrero necesita aprender de manera progresiva e intencional.

 La comunidad de pastores latinoamericanos debería ser la responsable de la mentoría de la nueva generación de  pastores. Que maravilloso sería que mientras más experimentado sea el pastor, y por ende con más canas en su cabeza, sea más valorado en los procesos de mentoreo. Es triste ver pastores que por  su edad son menospreciados y premeditadamente desplazados de estructuras denominacionales o de las congregaciones.

Es importante que un ministro de edad madura transforme su estilo de liderazgo tanto en su congregación como en su denominación, y aunque  estoy de acuerdo que un pastor líder de tiempo completo se jubile laboralmente, eso no es causa de pasividad; sobre todo justo en la edad donde la acumulación de  experiencia y sus posibilidades de mentorear es mayor.

Para los movimientos multiplicadores de iglesias el mentoreo no es solo importante sino vital, los tres factores por los que una iglesia puede nacer, pero no crecer saludablemente son:

  1. Falta  de una buena visión de Reino compartida.
  2. Carencia de una estrategia contextualizada.
  3. Falta de un mentoreo saludable hacia el plantador de la iglesia por parte del pastor de la iglesia  madre o de alguien que la representa.

En conclusión, es fundamental poder desarrollar en los años siguientes estructuras, herramientas y habilidades de mentoreo que permitan enseñar a los pastores y futuros nuevos pastores a multiplicar nuevas generaciones de pastores así como debemos enseñar a la iglesia a multiplicar iglesias.

Encuentre aquí recursos de Mentoreo Saludable.

Mentor y plantación

 

La importancia de una Iglesia Multiplicadora | Dr. Juan Carlos Melo

¿Cuál es uno de los principales problemas de la Iglesia de esta generación?

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Unos de los problemas que hemos heredado en nuestra generación,  es el gran porcentaje de iglesias en América Latina que NUNCA fueron fundadas o sembradas con un ADN  multiplicador, es decir fueron iglesias sembradas sin enfoque a convertirse en iglesias madres y a mantenerse en ese compromiso misional; de allí que el debilitamiento de la Iglesia en cuanto al impacto  poblacional es cada vez  más preocupante; por ejemplo un país de Sudamérica que tiene alrededor de 30 millones de  habitantes con un crecimiento poblacional del 2% ( 600 mil nuevos ciudadanos por año) cuya  población evangélica, según los datos de la iglesia local, es del 20% (6 millones de habitantes). Para que la Iglesia  siga manteniendo una influencia del 20% en relación membrecía/población es necesario que cada año se bauticen 120 mil nuevos discípulos. Si no se logra esta meta, la presencia de la Iglesia en la comunidad  cada vez será menor a medida que la población crezca.

El crecimiento saludable de la Iglesia se debe medir en bautizos y no en asistencia. Es cierto que cada año se bautizan nuevos discípulos,  pero el proceso de discipulado es tan inconsistente que se pierde membrecía permanentemente; dato que también debe ser tomado en cuenta.

La población en América Latina en las últimas tres décadas ha crecido a un ritmo vertiginoso y a nivel mundial  la ONU calcula que hasta el año 2050 tendremos 2 mil millones de nuevos seres humanos. Nunca antes en la historia se ha visto un crecimiento poblacional de esta magnitud y la Iglesia debe estar consciente de este fenómeno.

Si la Iglesia a través de su presencia en la localidad y de sus estructuras macro a través de las denominaciones y fraternidades no inician procesos de crecimiento intencional a través de la multiplicación de nuevas obras, en las siguientes décadas habrá un impacto de decrecimiento en la influencia que tengamos en la sociedad;  es decir si no hay un fortalecimiento en la intencionalidad, las estrategias, estructuras,  fondos, tiempo dedicado a la multiplicación de iglesias por nuevas obras; en los próximos años se generalizará  lo que ahora sucede en algunos países de Sudamérica donde el porcentaje de creyentes hasta hace 20 años era del 15% al 20% y actualmente la cifra oficial es del  3.7%. Es muy alarmante que  junto a este decrecimiento de la Iglesia evangélica ha aparecido un 3.2% de población musulmán.

Esto da un panorama de lo que podría ser el futuro de la iglesia en América si la iglesia local, los pastores, los líderes denominacionales y las fraternidades no se intencionalizan en invertir tiempo y dinero creando estructuras y procesos de multiplicación de la Iglesia de la manera más efectiva y saludable que existe que es la plantación de nuevas obras.

En la ruta | Dr. Juan Carlos Melo

¿Cuál será la ruta de la Iglesia para los próximos años?

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Se dice que las iglesias que pasan los tres primeros años la curva de crecimiento, después pasan a una curva de fatiga y pasan a ser un movimiento, una máquina, un monumento o un museo. Eso le pasa a las denominaciones, a las iglesias locales, al liderazgo y también a los procesos. Pero cuando un líder, cuando una denominación, cuando un país empieza a ver el pasado y piensa que éste era mejor que el futuro, está decaído.

Está mirando hacia abajo y empieza a hacer monumentos al pasado. El pasado de la Iglesia  no puede ser mejor que el futuro, si Cristo está en su futuro. Lo que hicieron los pioneros en Centroamérica y en América Latina es maravilloso y se les bendice en el nombre de Jesús; pero eso no puede ser mejor que lo que viene. Hay que honrar aquello, y celebrar lo que Cristo va a hacer.

Cuando se empieza a ver el pasado como mejor que el futuro, se está creando monumentos y la siguiente fase es ser un museo. Algo para ver y recordar, glorias pasadas nada más, sin vida. Eso no le puede pasar a la Iglesia del Señor. Hay esperanza en la Palabra del Señor cuando dijo: yo edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán en el avance de la Iglesia, pero la iglesia tiene que avanzar. Si la Iglesia no avanza, entonces ¿qué es lo que avanza? La Iglesia tiene que ir en avance y el avance se tiene que medir en números también.

Las iglesias que pasan los tres a cinco primeros años dejan de evangelizar con la misma fuerza. Se concentran más hacia dentro. La Iglesia debe crecer armónicamente hacia arriba en su devoción al Señor, en su amor al Señor hacia fuera y el amor al prójimo. Lo que es el amor a los necesitados y el amor hacia aquel que no es su hermano, que es el prójimo, y hacer lo que sea necesario para que sea su hermano. Un mandamiento nuevo os doy: “que os améis los unos a los otros”, pero ese mandamiento ya existía en la Ley, el amor al otro, al próximo, pero ¿qué era lo nuevo de esto?

Hay tres niveles de amor que la iglesia debe tener. El amor a Dios por sobre todas las cosas, el amor al prójimo, que no está separado del amor a Dios, porque si no ama al prójimo y dice amar a Dios es falso, por eso es que no tiene impacto en la sociedad, porque se han vuelto iglesias litúrgicas que dicen amar a Dios con cantos, pero salen y no aman al vecino y pierde efectividad. Y el amor a su comunidad.

Los evangélicos de los últimos tiempos han separado el amor de Dios del amor al prójimo. Eso es una herejía. No se puede separar el amor a Dios del amor al prójimo. Se tiene que amar al prójimo de la misma manera que se ama a Dios. Hay que amar a los niños, aunque no diezmen. Hay que amar a los jóvenes. Que no pase como en la generación de Josué donde cada uno hacía lo que bien le parecía porque no conocían a Dios, porque sus padres no les mostraron el camino.

Dios ama a Latinoamérica  y este es el tiempo del Señor y quienes pertenecen a una denominación, quienes son pastores en países y en ciudades, tienen que aprovechar y avanzar porque ahora hay un tiempo en el que de cada tres personas a las que se les comparte el evangelio, una le dice sí al Señor Jesucristo.

Eso es avivamiento, pero no se lo está aprovechando. Hay que ir afuera. Hay que ir a cosechar. Hay que orar por obreros para la gran cosecha. El Señor ni siquiera pide que oren por la mies sino más bien por obreros. Hay que multiplicar obreros. Los líderes tienen un poder en las manos, un poder espiritual. Dios no se mueve si no es con el liderazgo de su iglesia. Si el liderazgo de la iglesia cree, Dios obra. Si el liderazgo de la Iglesia no cree, Dios no obra y esa es la responsabilidad del liderazgo. Del Génesis al Apocalipsis hubo un Abraham, un Moisés, un Josué, un Jeremías que guiaban al pueblo.

Volver al principio

Hay que volver a las rodillas. Una iglesia que no ora es una iglesia en derrota. Hay que volver a estar bajo la influencia del Espíritu Santo, en santidad, porque los dones del Espíritu sin santidad no se saben qué son. Se necesita clamar al Señor. Clamar a Cristo y empoderar nuevos líderes. Empoderar la nueva generación. ¿Qué se va a dejar en esta tierra: bloques y ladrillos, con cementos y techos? El Señor no viene por eso. El Señor viene por gente redimida.

Si hubiera que plantar nuevas congregaciones, usando el ejemplo de Asambleas de Dios en El Salvador que tiene un promedio de 100 miembros, entonces habría que plantar cada año cincuenta iglesias de 100 discípulos cada una para tener un número de 5.000 nuevas iglesias y mantenerse en la curva de crecimiento. Eso no es imposible, pero eso sólo mantiene la curva para no decaer versus el crecimiento poblacional. Se necesita de ahí para arriba para crecer.

Suponiendo que se podrían tener iglesias de cincuenta personas. Esto significaría que serían 100 iglesias de cincuenta discípulos anualmente para mantenerse en la curva de la población. De ahí en adelante cualquier cosa es crecimiento. Pero dentro de estas cifras es primordial tomar en cuenta el número de bautismos, que es una cifra dura porque es crecimiento. Eso significa que hay un crecimiento por evangelismo y no por reciclaje de membresía. El reciclaje de membresía no hace crecer el Reino. Hace crecer una congregación, pero no el Reino. Es decir, si hay un crecimiento de mil o de cien miembros este año y sólo se bautizaron diez, entonces algo anda mal. Es importante que el crecimiento saludable en la iglesia establecida y en la plantación de iglesia sea medible a través de bautizos. Eso es real, el resto es conversable.

Plantación y desarrollo de iglesias

En panoramas de plantación y desarrollo de iglesias, no se puede dejar de hablar de la ética del Reino de Dios. Ésta implica muchas cosas, pero en plantación de iglesias hay algo que no se debe hacer y es pescar en otras peceras. Muchas veces debido a eso se impide plantar más iglesias. También es anti-ético y sería contradictorio porque el Señor no le ha dado el derecho de ser terrateniente, o espiritualmente hablando, dueño de esa iglesia.

Actualmente no  se plantan iglesias con un concepto de comunidad. La mayoría es insensible a la comunidad donde está porque son iglesias pobres. Las iglesias evangélicas en su mayoría, 99.9%, no son sembradas con un concepto misionológico.

El triángulo misionológico dice: Dios, Iglesia y comunidad; y si se tuviera ese enfoque desde el principio, entonces se entendería que cualquier cosa que rompe la relación con la comunidad no debe hacerse porque la existencia y la razón de ser de la Iglesia delante del Señor no es cantar, es ganar esa comunidad.

El triángulo misionológico es clave y esto se enseña dentro de los materiales que los plantadores reciben. De hecho el primer módulo es cien por ciento análisis de comunidad y se le da herramientas para que vaya y haga un análisis de comunidad y entreviste a los líderes. Aquí es importante saber que el 80% de los pastores no tiene una buena relación, o una relación sólida, con los presidentes de los barrios donde están sus congregaciones. Nunca se han tomado un cafecito. Es más no saben quiénes son y cuando saben es porque están peleados.

Hay que entender y ubicarse bíblica y teológicamente. La Iglesia no existe porque es bonita. La Iglesia existe porque existe un Dios de Misión. Dios está en misión y para eso existe la Iglesia, para cumplir la misión de Dios en la tierra. Hay que caminar y cumplirla. Si deja de hacer esa misión, entonces deja de tener esencia y se convierte en club religioso, de muy mal gusto por cierto.La Iglesia existe para la misión.

Más del 70% de membrecía de una iglesia no pertenece al barrio donde está la iglesia. Vienen de todo lado porque no les importa el barrio. Actualmente en muchas ciudades, debido a las normas ecológicas, están cerrando congregaciones. Las autoridades reciben quejas de las iglesias porque tienen el volumen demasiado alto. Le dan demasiado énfasis a las formas. Debería haber dos cosas bien claras sobre los cánticos en las iglesias, y no se refiere a la adoración porque en la Biblia desde el Génesis hasta el Apocalipsis es obedecer, no cantar. Algunos creen que la unción está en el volumen, por eso se ha vuelto tan poco efectiva.

La Iglesia existe para su comunidad. Analice su comunidad y mire como está en relación a la iglesia, y pida en esa pasión al Señor una visión y una misión para el proceso de esa comunidad porque antes de que usted llegue allí, Dios ya estuvo ahí.

Haga un análisis no sólo de cantidad sino de calidad, de cuánto impacto tiene en la sociedad al estilo de la iglesia primitiva, que tenía favor con el pueblo y se añadían los que debían ser salvos. El Señor va a añadir cada día a los que quiera a la Iglesia, cuando la Iglesia tenga favor con la comunidad. Hay que amar al prójimo. Mostrar a Cristo a la sociedad. Carácter, conducta e imagen del varón perfecto que es Cristo Jesús.

Multiplicación y Transformación de la Iglesia | Dr. Juan Carlos Melo

¿Por qué es necesaria la tranformación de la Iglesia para una multiplicación?

Anteriormente habíamos hablado de la estrategia que debe plantearse la Iglesia en medio del crecimiento poblacional y la oportunidad que ésta representa. Por otro lado, la población no está siendo influenciada por el Evangelio para mostrar un carácter cristiano. Una cosa es la cantidad y otra cosa es la calidad y la cantidad se puede hablar en cifras duras o blandas, pero la calidad sólo se puede medir en el impacto a la sociedad. Si no hay transformación, entonces la calidad es un tema que hay que pensarlo.

Una cosa es sumar membresía y otra cosa es multiplicar discípulos. La multiplicación de discípulos implica transformación de carácter y conducta, y la transformación de éstos influye en la transformación y el carácter de una familia, y éstos a su vez se transmiten a las sociedades y transforma comunidades.

La prioridad del buen pastor debería estar allá afuera. La Iglesia existe para hacer la misión de Dios en esta sociedad. La Iglesia debe crecer en cada país porque Cristo ama a cada nación y cada cosa que se hace en esa dirección, debe tener la inspiración del Espíritu Santo y hacerse en su poder y en los principios de la Palabra de Dios, sin negociarlos porque eso es peligroso. Empezar a tener membresía que no es del Reino, aunque es evangélica, es peligroso porque la Iglesia deja de ser efectiva, deja de ser sal y luz de la tierra.

Es muy importante mirar hacia el futuro, haciendo un ejercicio en cada país, en cada ciudad, y en cada barrio para hacer un análisis en este sentido. Pero mirar el pasado y analizar el presente sin mirar al futuro, no sirve de nada. Mirar al futuro y soñar con los sueños del Espíritu Santo sobre qué es lo que el Señor quiere en su país, en su ciudad y a través de su amada denominación.

Sensibles a lo que Dios quiere hacer

El Señor va a tomar cuentas de cada denominación que ha sido bendecida grandemente por el Espíritu Santo y que deberían ser mayordomos responsables de esto sobre la tierra en este momento. Se está viviendo un momento histórico que han vivido muy pocos líderes en tiempos pasados y hay que ser sensibles y conscientes de que el tiempo se termina.

Si la denominación y la iglesia local no empiezan a plantar iglesias, la próxima década se convertirá en un museo como le pasó a Europa con las denominaciones fuertes del avivamiento. Lean la historia. Ahora esos templos que eran simbólicos de la reforma, son casas de hombres ricos.

No se puede permitir esto en la amada Tierra. No se puede permitir que la Sangre del Cordero en esta generación pase en vano porque tendremos que darle cuentas al Señor. Tiene que doler la Tierra. Tiene que doler la gente que se va sin Cristo al infierno por la eternidad. Hay que movilizar la Iglesia para alcanzar todos y cada uno donde usted está. Hay que entrenar hasta los niños y hasta los ancianos para moverlos en el poder del Espíritu Santo.

Hay que volver a las raíces pentecostales que son de celebración de cosecha. El verdadero pentecostalismo es una celebración de los cincuenta días después de la libertad. El Espíritu Santo escogió pentecostés para derramarse sobre toda carne y para la celebración de la gran cosecha, dando libertad a la gente por la Sangre del Cordero.

Es interesante cómo el Señor Jesús, escoge la Pascua para morir, dando libertad, y cincuenta días más tarde, la gran cosecha el derramamiento del Espíritu Santo con lenguas, esto significa comunicación. La comunicación del Evangelio en el poder de Dios, un poder sobrenatural que está sobre nosotros, que está en nosotros.

Hay que volver a estas raíces. Hace falta y es necesaria la responsabilidad de plantar miles de iglesias todavía en Centroamérica y en América Latina y en el mundo entero.

¿Por qué plantar iglesias?

Una experiencia personal con una de las congregaciones que plantamos en el norte de Quito, Ecuador, en un sector altamente poblado y donde había muchas congregaciones alrededor. Algunos hermanos de otras iglesias se pusieron nerviosos por esta nueva congregación que estaba siendo plantada.

Un par de ellos hablaron conmigo y dijeron: ¿cómo va a plantar otra iglesia aquí? Si aquí hay tantas iglesias. La pregunta entonces fue ¿cuántos años tenía su iglesia en ese lugar? La iglesia de ese hermano tenía como 30 años.

¿Cuántos miembros asisten a su congregación?, le pregunté, y en ese entonces esa congregación tenía como 150, y era una de las más representativas de la zona.

Haciendo un análisis más o menos de las congregaciones que estaban en la zona, entre todas, no sumaban el 2% de la población de esos barrios. Y él estaba diciendo que no hacía falta plantar más iglesias.

Les pregunté si se habían propuesto hacer ese análisis alguna vez, el hermano  ni sabía qué población tenía esa zona ni cuantos habían sido alcanzados con el Evangelio, y llevaba 30 años de pastor.

Ahora usted, ¿conoce usted cuántas personas hay en su zona y cuantas han sido alcanzadas?

¿Sabe cuántas iglesias hay a su alrededor y cuántas necesitaría plantar para alcanzar a esa población que aún no conoce de Cristo?

Le invitó a realizar este ejercicio, ser sincero y  orar por la plantación de nuevas iglesias, y nuevos obreros para la mies.